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Cómo saber si una cartera es de piel auténtica

7 min de lectura

Detalle de la textura y el poro de una piel de flor

Hay una trampa de vocabulario en casi todas las tiendas, y funciona porque suena bien: «piel auténtica». En inglés, genuine leather. Parece un sello de calidad. En la práctica es lo contrario: es el escalón más bajo de la piel que todavía puede llamarse piel.

No es publicidad engañosa en sentido estricto. Es piel de verdad, viene de un animal. Pero es la capa que queda debajo de la buena, lijada y recubierta con una película de poliuretano que imita el poro. Aguanta un año, dos si la tratas bien. Luego se cuartea, y no hay reparación posible porque lo que se rompe es la pintura, no la piel.

Los cuatro escalones, de arriba abajo

Cómo se llamaQué esCómo envejece
Flor entera
full grain
La superficie exterior de la piel, intacta, con su poro natural y sus marcas.Hace pátina: se oscurece y coge brillo con el uso.
Piel de flor
top grain
La misma capa, con la superficie ligeramente igualada para uniformar el tono.Hace pátina, algo más despacio. Es lo que usamos nosotros.
Piel corregida
genuine / corrected grain
La capa inferior, lijada y con un poro estampado encima.No hace pátina. Se pela por los bordes.
Cuero regenerado
bonded leather
Recortes triturados y pegados sobre una tela, como el aglomerado de la madera.Se descascarilla. Meses, no años.

La normativa europea permite llamar «cuero» o «piel» a los cuatro. La diferencia de precio de fábrica entre el primero y el último puede ser de diez veces. La diferencia en el escaparate, muchas veces, de nada.

Seis comprobaciones que puedes hacer tú

1. Mírale el canto

Es la prueba más rápida y la que menos gente hace. El canto es el borde cortado de la pieza, ese filo que ves en el contorno de la cartera. En una piel de verdad verás fibras: una textura ligeramente irregular, como de fieltro muy prieto, del mismo color por dentro que por fuera si está bien teñida.

En un cuero regenerado verás una capa uniforme, sin fibra, y muchas veces una línea de tela en el centro: es el soporte textil sobre el que se pegaron los recortes. Si aparece esa línea, no sigas mirando.

2. Busca el poro que no se repite

La piel de flor conserva el poro del animal, y un animal no tiene un patrón regular. Acerca la vista: los poros deben ser de tamaños distintos, agrupados de forma desigual, con alguna arruga o marca. Si encuentras un dibujo que se repite cada pocos centímetros, es un estampado hecho con plancha sobre una piel lijada.

3. Húndele la uña con suavidad

Aprieta con la yema o con el canto de la uña en una zona discreta. La piel buena cede, se marca un poco y recupera sola en unos segundos, cambiando ligeramente de tono mientras tanto. Una piel recubierta de plástico no cambia de tono: la película se hunde en bloque, como un hule, y vuelve de golpe.

4. Huélela

Poco científico, pero cuesta de falsificar. La piel curtida huele a piel: dulzón, denso, un poco a tierra. El recubrimiento de poliuretano huele a producto químico, a plástico nuevo, a coche recién estrenado. Si el olor te recuerda más a una carpeta que a un zapato caro, desconfía.

5. Pésala en la mano

A igualdad de tamaño, la piel pesa más que el sintético y bastante más que el regenerado. Una cartera slim de piel de verdad ronda los cuarenta gramos; una de material sintético del mismo tamaño se queda claramente por debajo y se nota «hueca» al cogerla.

6. Lee la ficha entera, no el titular

Si en la descripción pone «piel auténtica» y en ningún sitio aparece flor, flor entera o el país de curtido, casi siempre es porque no hay nada mejor que contar. Las marcas que usan piel buena lo dicen: es lo que justifica el precio.

Ojo con la prueba del agua Circula el consejo de echar una gota de agua y ver si se absorbe. Funciona con pieles al vegetal sin acabado, pero la mayoría de las pieles buenas de marroquinería llevan un acabado ligero que repele la gota los primeros segundos. Es decir: si absorbe, es piel; si no absorbe, no prueba nada. Y de paso te arriesgas a dejar un cerco.

Qué precio tiene sentido

Una cartera pequeña de piel de flor, cosida en Europa, difícilmente sale por debajo de los treinta euros sin que alguien esté perdiendo dinero. Por encima de los doscientos, lo que pagas suele ser la marca, no el material: la piel de una cartera de cuarenta euros y la de una de trescientos pueden salir de la misma curtiduría.

El tramo interesante está en medio, y ahí lo que marca la diferencia no es la piel sino la mano de obra: cómo están rebajados los bordes, cuántas manos de tinte llevan los cantos, si la costura está tensa. Eso es lo que hace que una cartera dure diez años en vez de dos, y es también lo primero que se recorta cuando hay que llegar a un precio.

Si quieres ver cómo es ese trabajo por dentro, lo contamos paso a paso en cómo hacemos la Sagano.

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