Guía de compra

Por qué la cartera debería ir en el bolsillo delantero

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Cartera de piel fina apoyada sobre una superficie de madera

Casi todos empezamos igual: cartera de tríptico en el bolsillo de atrás, gorda, con tíquets de hace dos años y una tarjeta de fidelización de una tienda que ya cerró. Funciona hasta que un día notas que te sientas torcido.

El problema de sentarse encima

Una cartera abultada en el bolsillo trasero mete entre dos y tres centímetros bajo una sola nalga. Cada vez que te sientas —en el coche, en la oficina, en el sofá— desnivelas la pelvis hacia un lado y la columna compensa con una curva. Si eso pasa un rato, no ocurre nada. Si pasa varias horas al día durante años, es una postura mala mantenida en el tiempo.

Hay quien nota además molestias que bajan por la parte de atrás de la pierna, por la presión sostenida sobre la zona del glúteo. No somos fisioterapeutas y no vamos a diagnosticarte por internet: si te duele, eso lo mira un profesional. Pero el consejo de vaciar el bolsillo trasero antes de sentarse es de los baratos y sin efectos secundarios.

El otro motivo: el carterista

El bolsillo trasero es, por diseño, el peor sitio. Está fuera de tu campo de visión, la abertura mira hacia arriba y en un vagón lleno tienes a un desconocido a diez centímetros. El bolsillo delantero exige meter la mano hacia abajo y hacia dentro, contra el muslo, delante de ti. No es infalible, pero cambia mucho la ecuación.

Qué grosor entra bien delante

Aquí está la trampa: puedes cambiar de bolsillo con la cartera de siempre, pero se te va a marcar y te va a molestar al andar. El bolsillo delantero de un pantalón normal admite bien hasta un centímetro de grosor. A partir de ahí se nota.

TipoGrosor con contenidoBolsillo delantero
Tríptico clásico2,5 – 3,5 cmNo
Cartera de dos cuerpos1,5 – 2,5 cmJusto, se marca
Slim de piel0,7 – 1,2 cm
Tarjetero rígido0,5 – 0,8 cmSí, pero sin billetes

La Sagano cerrada y vacía mide 7 milímetros. Con ocho o diez tarjetas y algunos billetes se queda cerca del centímetro, que es justo el límite de lo que no se nota.

Cómo bajar de veinte tarjetas a ocho

Este es el trabajo de verdad, y no lo hace la cartera: lo haces tú una tarde. Vacía la que tienes encima de la mesa y separa en tres montones.

  1. Lo que usas cada semana. Una o dos tarjetas bancarias, el DNI, el abono de transporte, la tarjeta sanitaria. Esto vuelve a la cartera y punto.
  2. Lo que existe en el móvil. Casi todas las tarjetas de fidelización del supermercado, la farmacia o la gasolinera tienen su código en la app o se pueden guardar como imagen. El plástico sobra.
  3. Lo que no usas. Tarjetas caducadas, la del gimnasio al que ya no vas, el seguro que cambiaste. A la basura, cortando el chip de las bancarias.

La mayoría de la gente termina con seis u ocho. El montón dos suele ser el más grande y es el que más sorprende.

Los billetes

Una slim de verdad guarda los billetes sin doblar por la mitad, en un hueco central. Es un detalle que parece menor y no lo es: el doblez repetido acaba rompiendo el papel por la línea, y además dobla el grosor de ese fajo en el bolsillo. Si una cartera te obliga a plegar los billetes, no está resolviendo el problema, lo está escondiendo.

Las monedas

No caben, y es deliberado. Un monedero cosido a una cartera slim la convierte en no-slim en cuanto le echas tres monedas. Si necesitas suelto, un bolsillito aparte o directamente el bolsillo del pantalón.

La primera semana es rara Vas a llevarte la mano al bolsillo de atrás varias veces al día durante unos días, y vas a echar de menos alguna tarjeta que en realidad no usabas. Se pasa. Casi nadie vuelve.

Si te encaja el planteamiento, la Colección Feel es exactamente esto: un solo modelo, ocho colores y siete milímetros. Y si prefieres ver antes cómo está hecha por dentro, está en la página de artesanía.

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